“Opino que una película siempre debe defender y comunicar indirectamente la idea de que vivimos en un mundo brutal, hipócrita e injusto...”
Luis Buñuel.
Cuando dirigió Los olvidados en 1950, Buñuel eligió un título exacto y sin ambages para hablar de la violencia, la injusticia, la crueldad humana y sobre todo de los abandonados a su suerte. El arte debía hacerse eco de la realidad para sacudir las conciencias adormecidas. Sesenta años después el arte sigue ejerciendo su capacidad de testimoniar la realidad y no ha dejado de reflexionar sobre la violencia humana en todo este tiempo. No en vano las dos guerras mundiales del siglo XX fueron en gran medida las causantes del cambio de mentalidad, del interés por repensar la sociedad y de la necesidad de gritar la desazón del artista ante los acontecimientos de su época. La misma desazón que llevó a Buñuel a crear Los olvidados, la misma rabia incontenible, es la que empuja a la juarense Andrea Gussi a denunciar los asesinatos y feminicidios y la impunidad de estos actos.
Las obras de Andrea Gussi exploran la feminidad desde distintos enfoques como la sexualidad, los roles de género y sobre todo la violencia contra las mujeres. Pinturas, esculturas e instalaciones que, a través de la sensualidad de la materia y la contundencia de la imagen, presentan sugerentes metáforas alusivas a esa violencia: las ataduras, las costuras, los remiendos.
En su instalación “Preservando de la muerte” practica una especie de ritual purificador esculpiendo la cera en forma de torso femenino, cortándolo, quemándolo y amortajándolo con cuerdas, hilos y cabellos para después ungirlo de bellos aromas y encerrarlo en un pequeño ataúd. Como resultado, una hilera de macabros exvotos con distintos nombres de mujer, clama en silencio el fin de la violencia. El fin de la desmemorialización. Un trabajo con el que la artista trata de resarcir a las víctimas y generar un debate crítico en sus contemporáneos de dentro y fuera de México denunciando la falta de investigación y el abandono de las víctimas. Ahí radica el primer punto de su interés: su intencionalidad.
Por otro lado, sus obras más explícitas golpean al espectador con crudísimas imágenes de cuerpos torturados recopiladas de los medios de comunicación. Imágenes que imprime sobre retales de tela y que forman parte de su obra “Grito de dolores”, un políptico que compone la frase festiva “¡Viva México!” y en el que se contraponen los iconos clásicos del souvenir, la artesanía tradicional y los productos típicos de México con fotografías referentes a la política, la religión, las manifestaciones y los asesinatos. Ahí radica el segundo punto de su interés: su hábil manejo de las imágenes y su gran valor archivístico.
Obras que invitan a la reflexión crítica y que, como confía el monólogo introductorio de la película de Buñuel, “deja la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad”. Así llegamos al tercer punto: su esperanza en el cambio. En palabras de Gussi: “un grito de esperanza de un pueblo desesperanzado”.
Comisario y crítico de arte
Valencia, España


